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De hijastra a anciana: ¿Se ha vuelto “respetable” la historia oral?

Con el espíritu de entablar un debate constructivo y de reflexión, permítanme reflexionar sobre el tema siguiente: fue durante los años sesentas y setentas cuando la historia oral proliferó a través de retos radicales planteados por historiadores orales a varios ‘status quos’ intelectuales y políticos y a sus prácticas discriminatorias. Después, en los años ochentas y noventas, surgieron debates acalorados en torno al significado de la memoria y de la construcción narrativa que dieron energía a muchos historiadores orales alrededor del globo[1]. La historia oral también enfrentó diversas críticas, algunos describían la historia oral como “poco fiable” o como la “hijastra” de la academia.¿Se ha vuelto “respetable” la historia oral en el nuevo milenio? ¿o quizás aún se ha integrado totalmente como parte del conjunto [de la práctica académica]? Y si es así, ¿deberemos interpretarlo como un resultado positivo o negativo?

Estas preguntas son el resultado de un diálogo que se produjo en 2008, cuando Alessandro Portelli visitó Sudáfrica, y dio un seminario en el Museo del Distrito Seis en Ciudad del Cabo (organizado conjuntamente con el Centro de Memoria Popular y otras organizaciones). Se le preguntó: ¿Se ha vuelto de modala historia oral y perdido su corte crítico y subversivo? Aunque el autor de la pregunta se refería principalmente al contexto de Sudáfrica, creo que esta es una pregunta relevante para que los historiadores orales piensen sobre ella en relación a sus respectivos contextos nacionales y para que la IOHA la considere ha nivel internacional. Pocos días después, en un seminario celebrado en el Museo de la Isla Robben, Portelli sugirió que no era tanto que la historia oral hubiera perdido su filo subversivo, sino que se había vuelto más respetable” y que esto tenía implicaciones sobre las que necesitábamos pensar. En esta intervención breve, quiero presentar algunos pensamientos relacionados al tema, no como un argumento académico desarrollado sino como una forma de empezar este foro de debate para el portal de Internet de la IOHA.

Primero, permítanme usar el contexto de Sudáfrica como punto de partida. Está bien documentado que durante los años ochenta durante la la lucha contra el apartheid, la historia oral y las instituciones de historia tenían intenciones radicales, no solo para criticar la manera en que las formas populares de conocimiento fueron silenciadas o marginadas por instituciones académicas y de archivo sino también para socavar políticamente el régimen del apartheid. Después, en el período posterior al apartheid a partir de 1994, muchos sudafricanos han sido capturados en una fiebre testimonial que comenzó con la Comisión de Verdad y Reconciliación (CVR) y ha impulsado un auge continuado en las iniciativas de memoria posteriores al CVR. Por supuesto ha habido tendencias similares en otros países después de un régimen autoritario en África, América Latina, Europa oriental y Asia. Pero en el contexto de Sudáfrica, la creciente aceptación y uso de la historia oral y de las metodologías basadas en testimonios, especialmente por instituciones gubernamentales, plantea la inquietante situación que podría ser utilizada para validar las nuevas narrativas maestras y marginar las voces críticas. Por ejemplo, la tendencia a promover trabajo de historia oral en los departamentos gubernamentales de Sudáfrica es bienvenido, pero tiende a asumir que la “recuperación” sin crítica o simplista de historias orales de comunidades que han sido oprimidas o marginadas, apoyarán o tenderán automáticamente a la construcción de una nueva nación-estado. Más aún, la ejecución de la metodología de la historia oral en los curriculums escolares después del apartheid y su mayor uso en las universidades es significativo, pero, ¿cuáles son las implicaciones de su mayor institucionalización?

Estoy impaciente por saber si los historiadores de otros países, especialmente de las sociedades pos-autoritarias están luchando con dinámicas de la memoria similares o diferentes a aquellas con transición socio-política hacia la democracia. Por ejemplo, ¿es la forma de continuar las tradiciones radicales de la historia oral a través de desarrollarla en una “disciplina” como José Carlos Sebe Bom Meihy ha discutido en Brasil?[2] Aunque el reconoce que esto tiene dimensiones paradójicas.

Segundo, la revolución de la tecnología digital ha hecho más fácil la grabación, diseminación y el archivo de memorias. Esta revolución está dando forma a las prácticas de la historia oral en el mundo pero, ¿qué está motivando este rápido crecimiento en las iniciativas de memoria?

¿Es el miedo a olvidar lo que impulsa el deseo de recordar, o quizá al contrario? ¿Podría ser que un exceso de memoria en nuestra cultura cree esa sobrecarga que el mismo sistema de memoria esté en peligro de explotar, impulsando así el miedo de olvidar?… Hoy, nuestra cultura secular está en tal terror de olvidar e intenta contrarrestar este miedo con estrategias de memorización de sobrevivencia[3].

Por supuesto que la revolución digital no sólo hace más fácil la grabación y copia, sino también mucho más fácil el borrarla. Pero no podemos ser conducidos por un miedo a olvidar o un miedo a que las memorias individuales o colectivas sean borradas o perdidas. Así mientras la memorización es crucial especialmente para sociedades que acaban de pasar un conflicto, también lleva el riesgo de “fosilizar” las memorias individuales y colectivas en libros, monumentos y archivos. En resumen, si grabamos las historias orales tan solo con el propósito de conservación ¿No se correrá el peligrote “arreglar” puntos de vista particulares o concepciones del pasado? Seguro que este enfoque es un anatema al enfoque empático y abierto que han adoptado la mayoría de los historiadores orales.

Quizá necesitamos sopesar uno de los motivos centrales que dieron lugar a las primeras corrientes de trabajo en historia oral, que fue el de contribuir a formas de cambio social, en y más allá de la academia y archivo. No estoy sugiriendo volver a una noción romántica del historiador oral como el “liberador del mundo”. Más bien, estoy sugiriendo que si mantenemos como nuestra la dinámica de la narrativa oral y representaciones de la gente, entonces la diseminación de las historias por medio de formas y medios múltiples es enormemente significativa. Resulta por ello más sensible y crítica la tarea de explorar las formas de diseminar de manera critica, las versiones, diferentes y enfrentadas, de la memoria e interpretación del pasado. Este acercamiento menos didáctico tiene el potencial de estimular aún más el debate entre los investigadores, los informantes y otras audiencias[4].

Cuando me refiero a la contribución al cambio social me refiero también al cambio de desarrollo en la contribución al mejoramiento de la manera en la que viven su vida los grupos de gentes que viven en la pobreza económica y marginados socialmente[5]. En este contexto yo admiro a aquellos historiadores sociales que no se limitan a grabar las historias de sus informantes sino que van más allá creando profundas relaciones de colaboración con ellos. Me gustaría mucho escuchar más acerca de estos proyectos, que sospecho que están ocurriendo en varios contextos nacionales a lo ancho y largo del globo pero que raramente se escuchan pues tienden a ocurrir al margen de las instituciones académicas.

Tercero, hay amplia indicación de que los historiadores orales a nivel internacional están haciendo un uso mayor de las herramientas de grabación audio-visuales. En mi opinión esto debe ser bien recibido. También hay más publicaciones de historia oral y fotografía que deberán de surgir en el futuro. Sin embargo, me pregunto si los historiadores orales internacionales han debatido de manera suficiente y respondido a la crítica post-estructural de la historia oral como culpable de logocentrismo, es decir, de dar primacía a las palabras sobre las imágenes. No estoy sugiriendo aquí que los historiadores orales sean ignorantes de ello per se: la multiplicidad de trabajos de historia oral que abordan la memoria y la imaginación son testimonios de ello. Más bien me pregunto si la manera de responder a esta crítica sea la de analizar y reflexionar acerca de los aspectos de la memoria humana profundamente visuales. Para hacer mi posición más concreta: estoy fascinado por la hecho de que en el proceso del diálogo de la historia oral, los entrevistados construyen y actúan palabras habladas, frases e historias con el objeto de proyectar el sentido de sus imágenes mentales y sus sentimientos acerca del pasado. Los diferentes actos en los que el narrador de historias proyecta sus “fotografías verbales” se encuentran seguramente en el mismo centro (corazón) dialógico del quehacer de la historial oral. Acaso hay nuevas formas en las que se puede analizar e interpretar este aspecto significativo de la construcción de la memoria y la narración oral de las historias.

¿Cuál es mi respuesta a las preguntas planteadas al inicio?: Teniendo presentes las significativas diferencias que existen en las prácticas de la historia oral en los diferentes contextos nacionales, estoy de acuerdo con la consideración de que la metodología de la historia oral ha madurado en cierto sentido y ha llegado a ser respetable. Esto es, sin embargo, paradójico. Por una parte es un fenómeno positivo en tanto a que se refiere a la creciente madurez y aceptación del trabajo de la historia oral en el mundo. Por otra parte, tiene una implicación negativa si los historiadores orales son menos críticos acerca de las formas de discriminación y opresión, no solamente del pasado, sino también del presente. No estoy sugiriendo que debamos ir a las “barricadas a la lucha”, sino más bien si el objetivo de la historia oral es hacer justicia a su ética democratizadora y anti-discriminatoria, deberá entonces al menos – como Verena Alberti ha postulado en la conferencia CPDOC de Brasil, ser “activistas intelectuales”. Aún más, argüiré que nuestro cometido central no es el de estudiar meramente las formas de agencia desplegadas en el tiempo, sino el de explorar también las formas en las que nosotros como historiadores orales podemos ser también agentes del cambio social por medio de nuestros proyectos de historia oral y actividades relacionadas. Al concebir nuestros roles como agentes de cambio, en cualquier capacidad profesional en la que nos empleamos, será central, como argumento en retener la ventaja puntual del trabajo de la historia oral.

¿Qué sentido tienen estas preguntas y argumentos para la IOHA? La IOHA es por supuesto una organización moderadamente política, y no deberá ser de otra manera. Pero es precisamente el potencial democratizador y acercamiento crítico de la metodología de la historia oral lo que ha sido y continúa siendo una de las razones centrales por las cuales los investigadores académicos y no académicos encuentran esta metodología atractiva.

La IOHA y el movimiento de historia oral cobija y deberá seguir haciéndolo, a una diversidad de voces de los países del norte y del sur, así como varias ideologías dentro de un compromiso amplio con la democracia. Los acercamientos representados han variado desde posiciones liberales, a las posiciones socialistas, a las posiciones ideológicas de extrema izquierda y un espectro amplio de paradigmas conceptuales modernistas y post-modernistas adoptados por los historiadores orales. Desde mi perspectiva, la diversidad ideológica y conceptual que se da entre los historiadores orales internacionalmente es su fortaleza, no su debilidad. Como mínimo, pienso que necesitamos continuar proveyendo espacio en los congresos y publicaciones y en nuestro portal de Internet a esta diversidad de voces de la historia oral, y a las posiciones para que sean articuladas. Estos debates deben ser constructivos y estimular a los historiadores orales de diferentes edades a ir más allá de la realización de sus proyectos orales en sus contextos, para arribar a una reflexión crítica acerca de la manera en la que los realizan y las razones por las cuales utilizan la historia oral y el trabajo-memoria. Más aún, y si debo ser atrevido, quisiera escuchar una discusión más intensa acerca de las relaciones de conexión entre los diferentes proyectos de historia oral, historiografía y la política de la memoria. También de la forma en la que estas complejas dinámicas están siendo interpretadas y negociadas en diferentes contextos nacionales. Me entusiasma pensar en las posibilidades de discusión de estos temas en nuestra próxima conferencia en Praga en 2010.

Para concluir, sostengo que está bien decir que la metodología de la historia oral y el movimiento de la historia oral han alcanzado un estado de respetabilidad. Siempre y cuando no perdamos de vista que son precisamente las intenciones radicales y democráticas las que han motivado a muchos de nosotros a realizar proyectos de historia oral. Siempre y cuando continuemos manteniendo el dinamismo de la narración de la historia oral viva en la manera en la que diseminamos las historias y las memorias por medio de medios múltiples. Siempre y cuando mantengamos una crítica continua de nuestro quehacer y tengamos la aspiración de continuar aprendiendo unos de otros. Más que nada lo que necesitamos es permanecer abiertos a aprender de aquellos que narran las historias, que permanecen como en el lugar principal de nuestra inspiración. La manera en la que entendemos y nos enriquecemos de la creatividad inherente en los diálogos con los narradores de las historias deberá motivarnos a continuar el proceso de reflexión conceptual y debate acerca de las historias que se cuentan entre ellos y que nos cuentan a nosotros.


[1] No es mi intención hacer aquí historia de la historia oral, para una revision útil, ver Al Thomson, ‘Four paradigm transformations in oral history’. The Oral History Review, (2007), www.accessmylibrary.com/comsite/ visto 22/2/2008.

[2]Jose Carlos Sebe Bom Meihy, ‘The radicalization of oral history’, Words and Silences, n.s. 2, no. 1, (2003), pp 31 – 41.

[3] Andreas Huyssen, ‘Trauma and Memory: A New Imaginary of Temporality’, J. Bennet and R. Kennedy (eds.), World Memory, Personal Trajectories in Global Time, (Basingstoke: Palgrave Macmillan, 2003), 16 – 29.

[4] Como ejemplo, ver Ciraj Rassool y Sandi Prosalendis (eds), Recalling Community in Cape Town, Creating and Curating the District Six Museum, Cape Town: District Six Museum Foundation, 2001.

[5]Ver varios ejemplos en, Hugo Slim y Paul Thompson, Listening for Change, Oral Testimony and Development, London, Panos Publications, 1993.

2 Responses to “De hijastra a anciana: ¿Se ha vuelto “respetable” la historia oral?”

  1. Juan J. Gutierrez Says:

    Aventuro esta respuesta inicial movido por la curiosidad acerca del potencial de este debate como concepto y herramienta y respondinendo a una petición directa de quien modera el foro.

    La propuesta de Sean Field, provocativa y sólida, ha aterrizado de lleno en el centro de mis propios sentimientos acerca de la historia oral de muchos años. Me he acercado a la historia oral cansado de la rigidez de la antropología cultural como campo disciplinario. Sin embargo, me guste o no, llego precisamente como antropólogo cultural, capacitado para le investigación etnográfica y como practicante para quien la validez y la confiabilidad son las normas que dan legitimidad al trabajo. La historia oral era para mi poco más que un importante recurso metodológico que me permitiría obtener acceso a la visión de la gente, una herramienta estupenda para lograr “obtener control de la memoria,” permitiéndome aquí hablar en verdad de lo que aprendí.[1] Conforme he desplazado mi parecer de esta visión instrumental de mi papel como etnógrafo y del papel de la historia oral como metodología, he empezado a explorar (y continúo haciéndolo) el increible trabajo que han realizado los historiadores orales a lo largo de los años y en todo el mundo. Ahora me parece claro -y de una forma que continúo aprendiendo- que la memoria es clave para entender la historia oral, pero de manera aún más importante, es clave para entender la mismisima experiencia humana.

    Sean Field argumenta que “está bien decir que la metodología de la historia oral y el movimiento de la historia oral han alcanzado un estado de respetabilidad”.

    Me detengo un momento para considerar a que se refiere cuando habla de “movimiento”. Quizá el reto sea precisamente el definit lo que se quiere decir por “movimiento” y quizá llevar la discusión un paso más adelante: ¿Es la aspiración aquí la de definir la madurez de la historia oral precisamente una aspiración por reconocerla en lo que es, es decir, un campo disciplinario por derecho propio?

    Creo que la práctica de la historia oral (su literatura, la reproducción de la historia oral en programas académicos, la discusión acerca de los significados y comprensiones teóricas de la memeoria como objeto de investigación) hace que esta no sea otra cosa que una pregunta retórica.

    Pero también pienso que es importante enfrentar y saber aceptar la imposibilidad de conceptualizar a la historia oral como una realidad discreta. Quiero proponer que es el legítimo estado de der como una práctica de orígenes múltiples siempre tendra múltiples y frecuentemente contradictorias direcciones. Quizá lo que importa es que podamos preguntar colectivamente y no tanto la respuesta a la que lleguemos. Porque cuando lleguemos a un consenso acerca de lo que es la teoría(s) y la definición(es) de la historia oral, continuaremos subvirtiéndolas en la multiplicidad de prácticas que, como la misma tradicion oral, tiene poco respeto por ser sancionada oficialmente.

    En fin, simplemente una reacción inicial. Gracias Sean por comenzar el diálogo.

    [1] Ver, por ejemplo, Beckett, Jeremy. “Against nostalgia: Place and memory in Myles Lalor’s `oral history’.” Oceania 66, no. 4 (June 1996): 312. Academic Search Elite, EBSCOhost (accessed February 15, 2009). [En contra de la nostalgia: lugar y memoria an la "historia oral" de Myles Lalor].

  2. Laura Benadiba Says:

    Estimados compañeros:
    Desde ya que me entusiasma la idea de abrir un espacio de debate come éste. Me parece muy interesante el planteo(o los planteos) que hace Sean. Creo que cada uno de ellos requiere un debate en sí mismo.
    A mi me gustaría quedarme en la primera pregunta (en la del título) ¿Es respetable la Historia Oral? Pienso que para lograr que sea respetada y aceptada de una vez por todas y que ya no sea necesario plantearnos esta pregunta, tendríamos que hablar de lo que significa la Historia Oral como metodología de investigación. Creo que habría que establecer la diferencia entre la metodología propia de la Historia Oral y la de las otras oralidades que existen. Si no, no solo se volverá una moda sino que se vaciará de contenido.
    En mi país (Argentina) son muchos los proyectos de Historia Oral que se realizan para la recuperación de la memoria histórica, aunque en muchos casos se confunde Historia con memoria, que sería otro tema de debate no?

    From From stepchild to elder: Has oral history become ‘respectable’?, 2009/02/27 at 2:06 PM

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