CartasREFLEXIONES SOBRE LA IOHA Puede haber sido una coincidencia que la organización formal de la Asociación Internacional de Historia Oral ocurriera en 1996, año en que el incipiente Internet creció de manera “explosiva”, pero viendo hacia atrás es difícil imaginar que hubiera ocurrido sin la revolución digital de las comunicaciones. Ya desde 1980 se venían sosteniendo congresos ad hoc de historia oral internacional, pero quienes se reunían en Göteborg, Suecia, adoptaron una constitución y eligieron a Mercedes Villanova como la primera presidenta de la IOHA. Su objetivo era doble: por un lado, reducir las barreras lingüísticas entre los historiadores orales de habla española e inglesa y, por el otro, convertir la asociación en una organización verdaderamente internacional alternando los congresos en todos los continentes. Doce años después de Göteborg, ese objetivo se ha vuelto realidad. El itinerario global de la IOHA ha incluido paradas en Río de Janeiro (1998), Estambul (2000), Pietermaritzburg (2002), Roma (2004), Sydney (2006), Guadalajara (2008), y se planea una en Praga para 2010. Cada sede recurrió notoriamente a historiadores orales locales y regionales, aunque también atrajo participantes de 30 a 40 distintos países de todo el mundo. Quienes pudieron asistir a varios de estos congresos pudieron ver la impresionante variedad de proyectos de historia oral que reflejan los imperativos sociales, culturales y políticos de cada lugar, conectados por la naturaleza universal de la teoría y metodología de la historia oral. Los participantes también se deleitaron con la cocina, la música y los monumentos locales, además de ampliar nuestra red académica. Luego de trabajar en el consejo de la IOHA y editar el boletín durante los últimos cuatro años, puedo afirmar que nada de esto es accidental. Entre congresos, los directivos elegidos y designados trabajan a conciencia para ofrecer servicios a los miembros y preparar el congreso bianual. Ellos lidian con cualquier número de problemas relacionados con finanzas, publicaciones, traducciones, educación, vínculos con organizaciones nacionales de historia oral, y becas para alentar la diversidad en los congresos. Mientras tanto, quienes planean el programa publican la convocatoria para recibir ponencias y revisan los cientos de respuestas que obtienen, eligen sedes y entretenimiento apropiados, anticipan las necesidades de alojamiento y transporte, y se anuncian creativamente para alentar a la gente a viajar grandes distancias para asistir al congreso. Sin Internet ni correo electrónico, esta multitud de tareas sería inabarcable. En la década de 1970, la publicación de una revista de estudiantes de posgrado que yo editaba se retrasó por meses debido a una huelga postal en un país donde una de nuestras colaboradoras estaba de sabático –quien se negó a autorizar la publicación de su artículo antes de ver el texto revisado–. Hoy día los editores pueden comunicarse de manera electrónica, enviando mensajes, textos e ilustraciones de un continente a otro en un instante. Los editores de boletines y revistas solicitan colaboraciones de los miembros y anuncian su publicación en H-Oralhist. Durante los últimos cuatro años se ha editado el boletín electrónico de manera alternada en España y Estados Unidos, con traductores de español e inglés en ambos países. La revista Word and Silences (Palabras y silencios), también en inglés y español, se ha editado y publicado en México. Recientemente, el consejo de la IOHA votó por ofrecer la revista también en versión electrónica. Ambas publicaciones han incluido colaboraciones de todos los continentes y esperan ampliar sus esfuerzos de traducción para incluir los mejores trabajos de historia oral en otras lenguas. Los miembros entrantes y salientes del consejo de la IOHA sólo se reúnen en persona durante unas cuantas horas en los congresos bianuales. En los periodos intermedios, se comunican enteramente por correo electrónico y en Internet. Nuestro anterior presidente, Al Thompson, demostró la versatilidad de las comunicaciones electrónicas al cambiar su base de operaciones del Reino Unido a Australia sin ningún problema. Los miembros del consejo discuten los problemas en chats programados regularmente. Para quienes lamentamos la desaparición de la grabadora análoga, la transición al mundo digital no siempre ha sido fácil, pero incluso los trogloditas como yo hemos sido capaces de presentar informes en línea y participar en las variadas deliberaciones que han llevado a la asociación hacia adelante en tantos aspectos. El tiempo y la atención que tantos miembros del consejo invierten en sus informes, así como la cantidad de buenas ideas que han propuesto e implementado, son impresionantes. El cambio esperado más prometedor es la modernización de la página de la IOHA. Con sede en Brasil durante la última década, la página ha servido admirablemente a la asociación, pero el avance de la tecnología permitirá una amplia expansión de la información y los servicios disponibles –en particular para el envío de ponencias y el registro para futuros congresos–. Las demostraciones de la página en Guadalajara fueron impresionantes y apenas apuntan a su desarrollo potencial en la década por venir, pues con sus vínculos a las numerosas asociaciones nacionales de historia oral, crea una red global de esta disciplina. Por si esto no sonara lo suficientemente utópico, varios proyectos de historia oral de todo el mundo han establecido páginas de Internet que ofrecen catálogos de sus colecciones, así como transcripciones completas de entrevistas, junto con fragmentos de audio y video. Durante años nos hemos escuchado hablar sobre cómo llevamos a cabo nuestros proyectos, pero ahora los investigadores y otros usuarios pueden leerlos, escucharlos y verlos, sin tener que pagar los vuelos para visitar tantos archivos. La publicación de entrevistas en línea no sólo permitirá que éstas lleguen a públicos mucho más amplios, sino también demostrará si nosotros, como entrevistadores, practicamos lo que predicamos. Agradezco la invitación de los nuevos editores del boletín para ofrecer estas reflexiones sobre la IOHA y le deseo a mi afable coeditora, Pilar Domínguez, una presidencia exitosa. Si el pasado es el prólogo, tenemos por delante grandes cosas y congresos estelares.
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